Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,33-39)
En aquel tiempo, los fariseos y los escribas le preguntaron a Jesús: “¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?”
Jesús les contestó: “¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán”.
Les dijo también una parábola: “Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres. Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo, pues dice: ‘El añejo es mejor’”.
Palabra del Señor.
¿Qué nos trae el evangelio?, pregunta Papa Francisco: ¡Alegría y novedad!
Cuando estamos con la gente que amamos, como con Jesús que siempre está con nosotros, no hay razón para estar tristes, o dedicar tiempo y vida a sacrificios, ayunos y penitencias, porque esas presencias, que dan sentido a lo que somos, son motivo de alegría.
Por otro lado, en la vida descubrimos que, constantemente, nos enfrentamos a cambios, a veces inesperados, que nos retan a transformarnos, readaptarnos y renovarnos. Pero es probable que, como los doctores de la ley, estemos atados a mandamientos y prescripciones que nos impiden sentirnos libres y descubrir la alegría que está más allá del cumplimiento.
Vino nuevo, odres nuevos. Y por esta razón la Iglesia nos pide a todos algunos cambios. Nos pide que dejemos de lado las estructuras perecederas: ¡son inútiles! Y que tomemos odres nuevos, los del Evangelio. Francisco – Homilía de Santa Marta, 5 de septiembre de 2014)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

