MIÉRCOLES 12

Donde dos o tres se reúnen en mi nombre

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,15-20)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos».

Palabra del Señor.

Lo que Jesús nos dice, en conjunto, es cómo mantener el ideal de una comunidad fraterna (una familia, un grupo de amigos, la parroquia o una comunidad religiosa), sustentada en el perdón, la paz, la cordialidad, la honestidad, la sinceridad y la justicia, que se concreta en la corrección fraterna y la reconciliación.

Un aspecto fundamental en esta experiencia es la libertad y no la coacción; sentirse libres para corregir y para ejercer derechos cuando se toman decisiones determinantes, como atar y desatar (cf. v. 18). Porque si un miembro de la comunidad cristiana -dice Luis A. Schökel- se niega a reconciliarse será como un extraño a la comunidad y los responsables tiene el derecho de excluirlo mientras permanezca en esa actitud. Es decir: desatar.

Fraternidad, perdón y reconciliación se alimentan y se completan en la oración. En una comunidad orante se hace presente Jesús: donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos (v. 20).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.