DOMINGO 7

DOMINGO X DEL TIEMPO ORDINARIO

Esforcémonos por conocer al Señor.(Os 6,3)
  • Os 6,3-6; Sal 49; Rm 4,18-25; Mt 9,9-13

Esforcémonos por conocer al Señor. (Os 6,3)

La advertencia del profeta Oseas resuena con fuerza en el corazón de tantos creyentes hoy que han volcado su vida en la práctica de actos piadosos, sacrificios y penitencias, pero desconectados de la realidad, del prójimo y de la voluntad de Dios.

¿Qué significa realmente conocer al Señor? Tal vez debamos comenzar por la certeza de que nuestra relación con él sea, realmente, clara y profunda, descubriendo en ella una experiencia que transforma, como lluvia de primavera que empapa la tierra (Os 6,3), hasta hacerla fértil y productiva.

No se ama lo que no se conoce. Porque entre amor y conocimiento se teje una sutil relación que tensa constantemente la búsqueda, el deseo y la cercanía con el amado, además de una transparencia tal que, entre uno y otro, no hay espacios para la duda; la respuesta es radical y la entrega absoluta; quien ama verdaderamente y conoce al Señor, es capaz de esperar contra toda esperanza (Rm 4,18).

Una esperanza mutua, no sólo de quien espera en el Señor, sino también del mismo Señor, que llama, no importando a quien ni su condición, como Abraham que, a pesar de su edad, su fe no se debilitó y creyó (cf. Rm 4,19); o Mateo que, atado a un puesto que lo ubicaba entre los pecadores, se levantó y lo siguió (cf. Mt 9,9).

Hoy, no son Abraham o Mateo; idealizar el pasado nos cegaría ante esas realidades humanas, “enfermas”, que necesitan de nuestra ayuda y compasión. Pero eso dependerá de qué tanto conocemos lo que el Señor nos pide: Yo quiero misericordia y no sacrificios (Mt 9,13), conocimiento de Dios, más que holocaustos (Os 6,6).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.