Lectura del santo evangelio según san Juan (6, 30-35)
En aquel tiempo, la gente le preguntó a Jesús: “¿Qué signo vas a realizar tú, para que lo veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”.
Jesús les respondió: “Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo”.
Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”.
Palabra del Señor.
Producimos el pan que nos alimenta y con él saciamos el hambre que, aunque la satisfacemos por momentos, vuelve a nosotros de manera natural para nutrirnos constantemente y, así, recuperar la energía y la vitalidad que nos permite mantenernos en pie.
Pero, no sólo de pan vive el hombre… (Mt 4,4). No sólo el cuerpo necesita alimentarse, también el corazón, el interior de cada uno, donde habitan la fe, la alegría, la esperanza y el amor; necesitamos el pan de Dios, que baja del cielo y da vida al mundo (v. 33). Un pan/alimento que se ha hecho factible para todos en Jesús y en sus palabras:
Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed (v. 35).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

