DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO
- Is 55,10-11; Sal 64; Rm 8,18-23; Mt 13,1-23
Una vez más la parábola del sembrador, que hemos escuchado tantas veces, o leído por propia iniciativa, nos ofrece la riqueza de sus enseñanzas. Parábola cargada de imágenes, símbolos y movimiento; cuestionadora y propositiva, nos adentra, por medio de una narración dinámica y coherente, al misterio que entraña la relación del hombre con la Palabra de Dios.
No necesita ser explicada, basta con escucharla y dejarse penetrar, como la misma narración lo sugiere, por la fuerza y la vitalidad de las palabras, cual semillas, hasta lo más hondo del corazón, permitiendo que germine, crezca y de frutos abundantes.
En ella subyace una historia de amor y el modo cómo Dios hace sentir su voz al hombre que ama; aunque también resalta la vulnerabilidad humana y las vicisitudes a las que se enfrentan sus procesos de fe y su relación con Dios.
Jesús nos habla de un sembrador que tiene una intención precisa: salir a sembrar; arrojar la semilla sobre la tierra (cf. v. 3). Es Dios que pone a disposición del hombre los misterios del Reino (cf. v. 11). Intención que el profeta Isaías (55,10-11) no duda en recordarnos de parte del Señor:
Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión.
El Reino ya no es lejanía, ha bajado para hacerse presente en el corazón del hombre y echar en él sus raíces; es la tierra buena en la que Dios confía: lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta (Mt 13,23).
La forma en que este sembrador «derrochador» arroja la semilla –dice el Papa León XIV– es una imagen de la forma en que Dios nos ama […] Él nos ama así: no espera a que seamos el mejor terreno, siempre nos da generosamente su palabra. Quizás precisamente al ver que Él confía en nosotros, nazca en nosotros el deseo de ser un terreno mejor. Esta es la esperanza, fundada sobre la roca de la generosidad y la misericordia de Dios. (Papa León XIV, catequesis del 21 de mayo de 2025).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

