Lectura del santo evangelio según san Lucas (6, 20-26)
En aquel tiempo, mirando Jesús a sus discípulos, les dijo:
«Dichosos ustedes los pobres,
porque de ustedes es el Reino de Dios.
Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre,
porque serán saciados.
Dichosos ustedes los que lloran ahora,
porque al fin reirán.
Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas.
Pero, ¡ay de ustedes, los ricos,
porque ya tienen ahora su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora,
porque después tendrán hambre!
¡Ay de ustedes, los que ríen ahora,
porque llorarán de pena!
¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe,
porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!»
Palabra del Señor.
Hoy leemos la versión que Lucas nos ofrece de las bienaventuranzas que, a diferencia de Mateo (5,1-12), resalta un contraste entre dichosos y desdichados, entre los que sufren injusticias (vv. 20-23) y los que cometen las injusticias (vv. 24-26).
Nada en el evangelio es casualidad, todo lo que sucede tiene como causa la opción radical por el Hijo del Hombre (cf. v 22) y por su modo de reinar, que consiste en poner en medio a los marginados (cf. 6,8).
En cuatro realidades humanas sintetiza Lucas las bienaventuranzas: pobreza, hambre, llanto (tristeza) y persecución [1]; en una secuencia lógica que alecciona y da hondura, marcada por un común denominador: la injusticia.
Las injusticias sociales y políticas provocan la pobreza, o empobrecimiento, en mucha gente de todo el mundo; la pobreza trae como consecuencia el hambre, que provoca llanto, sufrimiento y, muchas veces, la muerte (cf. vv. 20-21). Nada de eso es querido por Dios y quienes así lo entienden, luchan contra toda injusticia y, por ello, sufren persecución, odio, exclusiones, insultos y desprecio (cf. v. 22).
Quienes, por el contrario, no lo entienden y se empeñan en promover un orden social injusto, sufrirán las mismas consecuencias que han provocado: hambre, llanto y pena (cf. vv. 24-25).
En la persecución, Dios es la fuente del rescate; en la mentira, es el ancla de la verdad. Por eso Jesús proclama: «Alégrense y regocíjense» (…) De este modo, Jesús ilumina el sentido de la historia; no la que escriben los vencedores, sino la que Dios realiza salvando a los oprimidos. (…) (León XIV – Ángelus, 1° de febrero de 2026)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
[1] Cf. Schökel, L. A. (2010). La Biblia de Nuestro Pueblo. Comentario a Lc 6,17-26.

