VIERNES 12

¡Aprendan de mí!

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (11, 25-30)

En aquel tiempo, Jesús exclamó: «¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Palabra del Señor.

El evangelio nos habla de algo inaudito, no sólo en el contexto que lo dijo Jesús, sino también en el nuestro. Presenta una dinámica distinta en la relación del hombre con Dios, que comienza resaltando los destinatarios de la revelación: la gente sencilla (v. 25); luego nos recuerda cuál es la fuente única de la revelación: sólo él y el Padre, y a quien el Hijo se lo quiera revelar (v. 27); por último, la misericordia que se desborda sobre mujeres y hombres de fe, traducida en alivio, mansedumbre, humildad y suavidad de parte del Señor (cf. vv. 28-30).

Nos habla de un Dios que no condena ni somete; que no depende en su actuar de privilegios humanos, ni se confunde con otras ideas, o revelaciones ajenas a su voluntad. Es, simple y sencillamente, el Dios que nos revela Jesús.

Pero ahora, preguntémonos por qué el Dios del que hablamos nosotros, como Iglesia, como jerarquía, como familia, como evangelizadores, como pueblo, ha roto relaciones con la gente sencilla; por qué, a veces, está por debajo de visiones y revelaciones particulares que no afloran del evangelio y por qué, en su nombre, ponemos sobre los demás, cargas pesadas e insoportables.

Si así es, abramos el corazón y la mente, para aprender de él, que es manso y humilde de corazón (cf. v. 29).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.