LUNES 14

Una Palabra tuya bastará

Del santo Evangelio según san Lucas (7, 1-10)

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: “Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga”. Jesús se puso en marcha con ellos.

Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: “Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: ‘¡Ve!’, y va; a otro: ‘¡Ven!’, y viene; y a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”.

Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: «Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande». Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.

Palabra del Señor.

Si nuestra relación con Jesús se sustentada realmente en la fe, prescindirá, indudablemente, de lo extraordinarios y desmedido.

La fe sencilla y la humildad del oficial romano nos ofrece una enseñanza: Basta con que digas una sola palabra… (v. 7).

Preguntémonos sobre cuál es el fundamento de nuestra fe: ¿la palabra del Señor, o solo aquello que esperamos de él y que, además, deseamos lo cumpla a nuestro modo?

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.