DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO
- Ex 19,2-6; Sal 99; Rm 5,6-11; Mt 9,36-10,8
Podríamos decir que el hilo conductor de las tres lecturas es la salvación; salvación de la esclavitud (Israel en Egipto) y salvación de la esclavitud del pecado (nosotros). Gesto salvífico que aflora de la misericordia de Dios que nos levanta sobre alas de águila para emprender el vuelo hacia la libertad y convertirnos en su especial tesoro (cf. Ex 19,4-5).
No hay duda, Dios no nos abandona, sabe que no siempre tenemos la fuerza necesaria para sobreponernos al pecado, por eso, en el tiempo señalado (cf. Rm 56), tiempo propicio, nos muestra su compasión: Y la prueba de que Dios no ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores (Rm 5,8).
Jesús mismo es reflejo de ese gesto cuando hoy, en medio de tantas adversidades, de tantas dudas y desolación, nos encuentra extenuados y desamparados, como ovejas sin pastor (Mt 9,36).
Él sabe que en cada mujer y en cada hombre, no importando de dónde sea ni su condición; no importando su origen o sus preferencias, Dios ha sembrado una semilla y, de ese modo, todos somos una posible cosecha en la mies del mundo. La cosecha es mucha (Mt 9,37) porque en ella están contemplados todos los hombres y todos los pueblos de la tierra.
[…] El Reino de Dios germina como una semilla en la tierra y los hombres y mujeres de hoy, incluso cuando parecen abrumados por tantas otras cosas, esperan una verdad más grande, buscan un sentido más pleno para su vida, desean justicia y llevan en su interior un anhelo de vida eterna. Por otra parte, son pocos los obreros que van a trabajar al campo sembrado por el Señor y que, antes aún, son capaces de reconocer, con los ojos de Jesús, el buen grano listo para la cosecha (…) Para hacer esto no se necesitan demasiadas ideas teóricas sobre conceptos pastorales; se necesita, sobre todo, rezar al dueño de la mies. En primer lugar, pues, está la relación con el Señor, cultivar el diálogo con Él. Entonces Él nos convertirá en sus obreros y nos enviará al campo del mundo como testigos de su Reino. (León XIV – Ángelus, 6 de julio de 2025)
La historia de la salvación es nuestra historia y el Señor nos llama, pronuncia nuestros nombres con su voz y nos envía a trabajar para transformar la realidad y dar esperanza al corazón de los hombres.
Gratuitamente han recibido, gratuitamente ejérzanlo (cf. Mt 10,8)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

