VIERNES 14

Una sola existencia

Lectura del santo evangelio según san Mateo (19,3-12)

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerle una trampa: «¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?»

Jesús les respondió: «¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: ‘Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola cosa?’ De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

Pero ellos replicaron: «Entonces ¿por qué ordenó Moisés que el esposo le diera a la mujer un acta de separación, cuando se divorcia de ella?»

Jesús les contestó: «Por la dureza de su corazón, Moisés les permitió divorciarse de sus esposas; pero al principio no fue así. Y yo les declaro que quienquiera que se divorcie de su esposa, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, y se case con otra, comete adulterio; y el que se case con la divorciada, también comete adulterio».

Entonces le dijeron sus discípulos: «Si ésa es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse». Pero Jesús les dijo: «No todos comprenden esta enseñanza, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. Pues hay hombres que, desde su nacimiento, son incapaces para el matrimonio; otros han sido mutilados por los hombres, y hay otros que han renunciado al matrimonio por el Reino de los cielos. Que lo comprenda aquel que pueda comprenderlo».

Palabra del Señor.

Lo más bello de la creación del hombre y de su dimensión humana como pareja se rompen y pierden sentido cuando el mismo hombre, prescindiendo de Dios, se remite a sí mismo endureciendo su corazón o asumiendo una actitud desinteresada, mediocre e indiferente ante los compromisos que surgen de aquello que el Creador ha querido compartir con él: el amor, la fidelidad, la misericordia y la capacidad de perdonar.

Hay hombres de corazón duro que se ven a sí mismo como jueces e inquisidores de los demás; en su dureza no hay cabida para la Voluntad del Padre, que mira a los esposos como una sola existencia (Papa Francisco), llamados a convertirse, a través de la experiencia de entrega, amor y fidelidad, en una sola carne.

Hay hombres mediocres que, sin comprender los designios de Dios, prefieren no comprometerse con tal de evitar las exigencias del amor: respetar, no repudiar, no desconocer, no violentar, no adulterar las relaciones en bien propio.

En lo cotidiano, ¿cómo somos?: Creyentes de corazón duro o mediocres…

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.