EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO (Corpus Christi)
Lectura del santo evangelio según san Juan (6, 51-58)
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida».
Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Jesús les dijo: «Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre».
Palabra del Señor.
Cristo es la respuesta de Dios al hambre del hombre, porque su cuerpo es el pan de la vida eterna: ¡tomen y coman todos de él! (Papa León XIV)[1]
Esa hambre que el hombre ha sufrido siempre y que, a lo largo de la historia no ha podido saciar, tiene nombres imborrables: justicia, felicidad, paz, aceptación, perdón, amor…
Ningún pan, fruto de cualquier acción solidaria, de un proyecto político, o de un movimiento organizado ha logrado resarcir esa deuda, por más que busque cubrir las injusticias y la infelicidad que la provocan. Es, ciertamente, el pan necesario que nos alimenta para sobrevivir y nos recuerda, además, que también moriremos, dice el Papa; el carácter perecedero del pan se suma a la finitud de la vida humana. Aunque la falta de pan que provoca la muerte es reflejo de un vacío interior, de un corazón enfermo del que brotan la maldad, la envidia, el odio y toda clase de injusticias (cf. Mc 7,21-23).
Jesús es el pan que nos alimenta con aquello que necesitamos para no morir definitivamente, es la respuesta de Dios al hambre del hombre:
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida (Jn 6,5)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
[1] León XIV, Homilía en la Santa Misa en el Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, 22 de junio de 2025.

