MIÉRCOLES 25

LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!

A partir de hoy contamos nueve meses antes de Navidad; nueve meses de gestación y espera para celebrar la encarnación del Hijo de Dios, que Lucas perfila en el anuncio del ángel a María. Toda la liturgia de este día está coloreada por las palabras del salmista, que la Carta a los hebreos pone en labios de Cristo al llegar al mundo: Aquí estoy, Dios míos, vengo para cumplir tu voluntad (Sal 40,9; Heb 10,7).

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1, 26-38)

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.

María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.

Palabra del Señor.

Entretejida con el tiempo de cuaresma, en espera de la Pascua, aflora el inicio de otra espera: la encarnación del Verbo que, junto con la Resurrección, completa y da plenitud el Misterio Salvífico. Para dar cumplimiento a la salvación ofrecida por el Padre, el Hijo, Palabra eterna, se hace hombre y vive entre nosotros (cf. Jn 1,14).

En las palabras que el ángel dirige a María se devela incipiente el proyecto del Padre que, en tres verbos, marca el inicio de algo distinto y definitivo; tres verbos que, cuando la Palabra penetra nuestros corazones, resuenan constantemente:

  • ¡Alégrate! (v. 28)
  • ¡No temas! (v. 30)
  • ¡Concebirás! (v. 31).

En María, como en nosotros, la salvación alcanza y toca el terreno de lo humano, y lo transforma, porque no hay nada imposible para Dios (v. 37).

¡Cúmplase en mí lo que me has dicho! (v. 38)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.