S. Matías, apóstol
Siguió a Jesús “desde que Juan bautizaba hasta el día de la ascensión” (Hch 1,22). Por este motivo, cuando Judas desertó y hubo necesidad de completar el número de los doce Apóstoles, Perdo lo propuso para que se uniera al grupo apostólico y “se convirtiera en testigo de la resurrección del Señor” (v. 22). (Misal Buena Prensa, mayo 2026)
- Hch 1,15-17.20-26; Jn 15,9-17
Lectura del santo evangelio según san Juan (15,9-17)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.
Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros».
Palabra de Señor.
La elección de Matías, necesaria para mantener la cohesión en el grupo de los apóstoles, surge de la oración, el discernimiento, la humildad y la apertura para acoger la voluntad del Señor: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, indícanos a quién eliges… (Hch 1,24).
Además, en Matías se perfilan la constancia, la permanencia, el compromiso y, sobre todo, el testimonio de la resurrección. (cf. Hch 1,21-22).
En todo discípulo, desde entonces hasta hoy, se deben integrar estas cualidades porque, según el evangelio, no se ocupa un lugar en la misión por el Reino gracias a méritos propios o privilegios, sino porque el Señor, conociendo el corazón de cada uno, así lo decide:
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca (Jn 15,16).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

