JUEVES 23

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen (v. 16)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,10-17)

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús sus discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?» Él les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.

En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice:Ustedes oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».

Palabra de Señor.

También a nosotros se nos ha hablado en parábolas, las leemos en los evangelios y comprendemos cada mensaje oculto, o no, en los símbolos, los personajes y las escenas que las forman. Aunque también, por medio de ellas y de toda la Sagrada Escritura, se nos han dado a conocer los misterios del Reino de los cielos (cf. v. 11). Es decir, contamos con un mensaje sencillo (parábolas) que nos adentra en lo más profundo de la Voluntad del Padre (misterios).

Pero encontramos también otro escenario que, de igual manera, nos revela a cada momento los misterios del Reino: las parábolas de la vida; el acontecer diario que, en cada suceso, nos quiere decir algo más allá de lo que vemos y oímos. Podremos saber de qué se trata, a menos que endurezcamos el corazón y no caigamos en cuenta de que muchos hombres han cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve (v. 15).

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen (v. 16).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.