VIERNES 10

Quien persevere hasta el final, se salvará
(cf. v. 22).

Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,16-23)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “Yo los envío como ovejas entre lobos. Sean, pues, precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas.

Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.

El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará.

Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Yo les aseguro que no alcanzarán a recorrer todas las ciudades de Israel, antes de que venga el Hijo del hombre’’.

Palabra del Señor.

La vida de un cristiano, en realidad, nunca será fácil; de hecho, el Señor nos envía como ovejas entre lobos (v. 16). El panorama que asoma es adverso y habrá que sortear muchas dificultades.

Para salir victorioso no basta confiar en las propias fuerzas, es necesario dejarse guiar por el Espíritu del Padre, que habla por nosotros (cf. v. 20).

El seguimiento de Jesús no es un privilegio, sino una lucha constante contra todo aquello que se opone al Reino y la Buena Nueva, y habrá que asumir que muchos nos odiarán por hacer nuestra la causa del Señor y quien persevere hasta el final, se salvará (cf. v. 22).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.