MARTES 24

¿Creemos que es él?

Lectura del santo evangelio según san Juan (8, 21-30)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo me voy y ustedes me buscarán, pero morirán en su pecado. A donde yo voy, ustedes no pueden venir”. Dijeron entonces los judíos: “¿Estará pensando en suicidarse y por eso nos dice: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden venir’?” Pero Jesús añadió: “Ustedes son de aquí abajo y yo soy de allá arriba; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Se lo acabo de decir: morirán en sus pecados, porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados”.

Los judíos le preguntaron: “Entonces ¿quién eres tú?” Jesús les respondió: “Precisamente eso que les estoy diciendo. Mucho es lo que tengo que decir de ustedes y mucho que condenar. El que me ha enviado es veraz y lo que yo le he oído decir a él es lo que digo al mundo”. Ellos no comprendieron que hablaba del Padre.

Jesús prosiguió: “Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo Soy y que no hago nada por mi cuenta; lo que el Padre me enseñó, eso digo. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que a él le agrada”. Después de decir estas palabras, muchos creyeron en él.

Palabra del Señor.

El evangelio nos interpela y sugiere una profunda revisión de nuestras convicciones para medir, desde allí, las posibles consecuencias: si no creemos que Jesús es el enviado del Padre, el Mesías, moriremos en nuestra obstinación, confiando en nuestras propias imágenes y en un pecado que no es más que la negación de Dios (cf. v. 24).

Si miramos a Jesús, que se levanta ante nosotros resucitado (cf. v. 27), alcanzaremos la salvación y la dicha de la resurrección.

Pero mirar a Jesús no es una mirar pasivo, como quien simplemente observa; es un mirar activo, que busca hasta encontrar el único referente que orienta, que da sentido a la vida y que descubre ante nosotros la verdad.

Mirarlo implica cambiar de dirección, renunciar a las ataduras del pasado y del pecado, y remontar el camino, tal como lo hizo Israel en su paso por el desierto hacia el Mar Rojo (cf. Nm 21,4-9).

En cuanto a nuestra fe, ¿en quién tenemos puestos los ojos?

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.