MARTES 2

… a Dios lo que es de Dios (v. 17)

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12, 13-17)

En aquel tiempo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos le enviaron a Jesús unos fariseos y unos partidarios de Herodes, para hacerle una pregunta capciosa. Se acercaron, pues, a él y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa lo que diga la gente, porque no tratas de adular a los hombres, sino que enseñas con toda verdad el camino de Dios. ¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César? ¿Se lo damos o no se lo damos?”

Jesús, notando su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me ponen una trampa? Tráiganme una moneda para que yo la vea”. Se la trajeron y él les preguntó: “¿De quién es la imagen y el nombre que lleva escrito?” Le contestaron: “Del César”. Entonces les respondió Jesús: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Y los dejó admirados.

Palabra del Señor.

Una vez más, Jesús ayuda a las autoridades judías y a nosotros también, a ubicarnos y ver más allá; nos invita a discernir para tener claro dónde estamos y qué, o quién, es nuestra prioridad.

La respuesta de Jesús no desata un conflicto de intereses entre el Cesar y Dios, entre lo mundano y lo divino; sino un sano conflicto dentro de cada uno donde serán necesario distinguir nuestra relación con Dios, como prioritaria, y nuestra relación con realidades ordinarias; no una por la otra, sino ambas en el lugar que corresponde a cada una.

[…] El cristiano – dice el Papa Francisco- está llamado a comprometerse concretamente con las realidades humanas y sociales sin contraponer «Dios» y «César»; contraponer a Dios y al César sería una actitud fundamentalista. El cristiano está llamado a comprometerse concretamente en las realidades terrenales, pero iluminándolas con la luz que viene de Dios. El confiarse de forma prioritaria a Dios y la esperanza en Él no comportan una huida de la realidad, sino restituir laboriosamente a Dios aquello que le pertenece. Por eso el creyente mira a la realidad futura, la de Dios, para vivir la vida terrenal con plenitud y responder con coraje a sus desafíos. (Francisco – Ángelus, 22 de octubre de 2017)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.