JUEVES 27

¡Velen y estén preparados! (v. 42)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (24,42-51)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre.

Fíjense en un servidor fiel y prudente, a quien su amo nombró encargado de toda la servidumbre para que le proporcionara oportunamente el alimento. Dichoso ese servidor, si al regresar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que le encargará la administración de todos sus bienes.

Pero si el servidor es un malvado, y pensando que su amo tardará, se pone a golpear a sus compañeros, a comer y emborracharse, vendrá su amo el día menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará severamente y lo hará correr la misma suerte de los hipócritas. Entonces todo será llanto y desesperación’’.

Palabra del Señor.

Corremos el riesgo de idealizar las dos expresiones de Jesús referidas por Mateo: No sabe que día va a venir su Señor y a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre(vv. 42 y 44), si únicamente las miramos desde el contexto de la misteriosa segunda venida, o las colocamos al final de la vida, sobre la incertidumbre de la muerte.

El día y la hora menos pensados son, en realidad, cualquier momento: hoy, ahora, mañana… y el Señor vendrá, se hará presente y se manifestará en el prójimo, en cualquiera de nuestros hermanos.

El mismo evangelista Mateo nos recuerda cómo Jesús habla de un rey (él mismo) que sorprende a una gran muchedumbre, el día menos esperado (25,31-46), integrada por justos e injustos de todas las naciones (la humanidad), a quienes premia y castiga con la entrada al Reino o su expulsión, con un argumento simple pero contundente, que tiene que ver no con el más allá, sino con lo cotidiano de la vida y el ejercicio de amar.

El cuándo que tanto nos inquieta, el día y la hora menos esperados, se convierten en un quién: el Hijo del hombre que ha venido y está presente en el prójimo, en la familia que un padre cuida y vigila ante los peligros (v. 43), en la servidumbre que necesita alimento, respeto y comprensión (v. 45); en la pareja, en los hijos, en el vecino, en el que es rechazado y olvidado…

Vigilancia significa también, concretamente, estar atento al prójimo en dificultades, dejarse interpelar por sus necesidades, sin esperar a que nos pida ayuda, sino aprendiendo a prevenir, a anticipar, como Dios siempre hace con nosotros. (Francisco – Angelus, 1 ° de diciembre de 2019)

¡Velen y estén preparados! (v. 42)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.