Lectura del santo evangelio según san Mateo (5, 20-26)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.
Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.
Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda.
Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”.
Palabra del Señor.
Los siete versículos del texto de Mateo son de una gran riqueza y un profundo realismo en cuanto al tema de la justicia, particularmente entre hermanos.
La ley, como bien refiere Jesús, es clara y no hay vuelta de hoja: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal (v. 21). Es algo que entendemos muy bien y que, por demás, normalizamos, pero corremos el riesgo de simplificar en una engañosa casuística que nos garantiza, por supuesto, que no es nuestro caso: si no hemos matado, o asesinado, a un hermano, no somos reos de condena ante un tribunal. ¡Dios nos libre!
Y así comenzamos a exculparnos de los otros casos en los que sí somos causa de un mal, más grave, en contra del hermano: enojarse con él, insultarlo, despreciarlo, desconocerlo, minimizarlo; desconfiar de su palabra y de sus sentimientos; condenarlo o castigarlo sin razón alguna… (cf. v. 22).
La ley ejecuta, condena, pero se agota en sí misma. En cambio, Jesús, nos invita a ir más allá y descubrir que sobre la ley está el amor del que surgen la reconciliación, el perdón y la justicia, y de todo ello, una profunda e inefable experiencia de libertad.
Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos (v. 20)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

