S. Lorenzo, diácono y mártir
Lectura del santo evangelio según san Juan (12,24-26)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre’’.
Palabra del Señor.
Así como el grano de trigo que muere en el seno de la tierra para luego brotar, florecer y dar fruto, la vida de cada uno debe hacer suya la misteriosa dinámica de esa muerte incomprensible, a la que tememos y, por eso, rechazamos; una muerte que, paradójicamente, se convierte en fuente de vida.
Quien se resiste a ese morir, que lo saca de sí y lo convierte en sustento para otros, trastorna su vida y la hace infecunda (cf. v. 24).
Estamos llamados a morir en la entrega, en el seguimiento y en el servicio; llamados a dar mucho fruto (v. 24).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

