VIERNES 25

Ustedes, ¿quién dicen que soy yo? (v. 20)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,18-22)

Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos contestaron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los antiguos profetas, que ha resucitado».

Él les dijo: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Respondió Pedro: «El Mesías de Dios». Entonces Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie.

Después les dijo: «Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día».

Palabra del Señor.

De la pregunta de Herodes, cargada de dudas y miedo, que surgía de un corazón roto, enfermo y habitado por el mal, nos encontramos ahora con otra pegunta, que, por el contrario, surge del extremo opuesto, justo de aquel a quien Herodes buscaba conocer y quería entender.

Pero no es una pregunta que nos ubique en el querer saber, por duda o curiosidad, sino en el responder, tomar postura, dejarse interpelar hasta lo más profundo del corazón: Ustedes, ¿quién dicen que soy yo? (v. 20).

Pregunta que, en el responder, implica el reconocimiento de Jesús como Mesías y, además, superar la tentación de mirar en él un mesianismo idealizado, ajeno al sufrimiento humano y anclado a una religiosidad intimista; porque es necesario saber que el Hijo del hombre sufrirá mucho, que será rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que será entregado a la muerte y que resucitará al tercer día (cf. v. 22).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.