JUEVES 12

Mudos, sordos, ciegos…

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11, 14-23)

En aquel tiempo, Jesús expulsó a un demonio, que era mudo. Apenas salió el demonio, habló el mudo y la multitud quedó maravillada. Pero algunos decían: «Éste expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.

Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: «Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios con el dedo de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama».

Palabra del Señor.

¿Qué significa hoy estar con Jesús y recoger con él? ¿Qué implicaciones tiene en nuestra vida? Lo que él dice, con tanta contundencia, no es sólo una buena frase; en ella, más bien, se sintetizan el paradigma y las consecuencias para aquellos que se adhieren a su proyecto, o lo desestiman.

Estar y recoger con él nos involucra en el empeño por descubrir y desentrañar el mal que ha echado hondas raíces en el mundo, en la sociedad, en la familia y, por supuesto, en el corazón de tantos hermanos nuestros.

Expulsar, no sólo los demonios que roban la libertad de expresión al individuo y a los pueblos, hasta dejarlos mudos, sino también los demonios que someten, esclavizan y explotan; los que, ante la realidad, dejan ciego al hombre y lo hacen sordo a la verdad. Entre nosotros hay mudos, sordos y ciegos que necesitan de nuestra voz para pronunciarse, de nuestra capacidad de escucha para conocer la verdad y de nuestra mirada para mirarlos con bondad y misericordia.

¿Estamos y recogemos con el Señor, o estamos contra él…?

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.