La ley del Talión, o amar a los enemigos

Ojo por ojo… Pues yo les digo… (Mt 5,38-39)

Una aportación crítica para comprender mejor.

Entre los evangelios, resaltan algunos textos que presentan, siempre, alguna dificultad para comprenderlos, interpretarlos y, sobre todo, llevarlos a la práctica, hacerlos vida. Uno de ellos es, precisamente Mt 5,38-41, que hemos escuchado en la liturgia de la Palabra del lunes 15 de junio, con su paralelo en Lucas (6,29-30).

El problema se agudiza cuando intentamos interpretarlos desde nuestro contexto, con sus rasgos éticos, morales, sociales y religiosos que lo configuran, provocando, así, una lectura sesgada, simple y prejuiciosa. Es por ello que Mt 5,38-41resulta un texto difícil, confrontador y absurdo para una gran mayoría. La propuesta de Jesús, así como suena, resulta inaceptable, intransigente y hasta ingenua. ¿Quién, realmente, estaría dispuesto a tales reacciones y someterse ante tanta violencia?: poner la otra mejilla, desprenderse de lo indispensable, o emprender un camino imprevisto y fatigoso.

Existen muchas interpretaciones, de las más variadas posturas, que no siempre ayudan a comprender lo que Jesús quiso decir y desde dónde lo dijo, o por qué lo dijo. Al respecto, considero de gran riqueza y claridad las aportaciones que Joan Morera P. SJ, ofrece en Desarmar los infiernos. La noviolencia de Jesús hoy.[1]

Me he permitido elegir algunos extractos del texto -sin pretender violentarlos o desconfigurarlos- que podrán ayudar a una mejor comprensión de lo que Joan Morera identifica como los tres ejemplos, o contraejemplos, concretos para desarmar los infiernos que nacen de la esclavitud. Recomiendo, no obstante, la lectura completa del texto, que podrán encontrar en formato PDF en la liga que aparece en la primera cita a pie de página.

Para comenzar, el autor parte de un presupuesto, tan simple como realista y profundamente evangélico: “Jesús decidió practicar el Siervo. Era la manera de dejar entrar al Padre en el corazón de la Historia, de transformar la realidad.”[2]

  1. Primer contraejemplo: poner la otra mejilla.

    “El primero de estos contraejemplos (Mt 5,39cd) es alguien que abofetea la mejilla de la víctima: «[…] a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra». Las interpretaciones más frecuentes que todos hemos oído parecen promover la estupidez: una pasividad que perpetúe eternamente la agresión ofreciendo con ingenuidad la otra mejilla. ¿Consideramos de verdad que Jesús de Nazaret, tras vivir rodeado por tantas realidades de sufrimiento injusto, habría simplemente sugerido a sus discípulos que mantuvieran las mismas cadenas de opresión de un modo indefinido? La pregunta parece insensata, y en cambio esta es la lectura de tantísimas homilías… ¿Somos capaces de mirar a los ojos de la mujer que padece violencia doméstica y repetir esta interpretación?

    Pero el contexto que presenta Mateo (y que parece que es el original) no muestra una bofetada convencional: se trata de una relación radicalmente desigual entre los dos. El texto afirma ¿que se abofetea la mejilla derecha. La mano izquierda (necesaria para abofetear la mejilla derecha) era considerada impura y nunca se utilizaba, de manera que la referencia tiene que significar forzosamente un golpe con el revés de la mano derecha. Se trata de una bofetada que no sólo tenía la intención depegar, sino especialmente de humillar y menospreciar: era un recurso que utilizaban los amos contra sus esclavos ¡y que legalmente tenía que ser recompensado con el salario de hasta 400 días!”[3]

    “A la práctica, la propuesta de Jesús consiste en llevar hasta el límite este uso perverso de la Ley y convertir el control ejercido por medio de la vejación en un descontrol. Al volver la cara ofreciendo la mejilla izquierda podemos efectivamente facilitar al agresor un segundo golpe, pero, incapaz de abofetear de nuevo con el revés de la mano derecha, porque se encontraría con la nariz, o con el revés de la mano izquierda, a causa de las costumbres indicadas que invalidaban la mano izquierda, se vería obligado a pegar con el puño derecho, o como mínimo a dar una bofetada con la palma derecha. Un puñetazo era sólo utilizado en un combate entre iguales. Una bofetada con la palma era considerada mucho menos humillante que con el revés. El gesto de volver la cabeza para ofrecer la otra mejilla, por tanto, lejos de una sumisión resignada a la opresión, refleja un movimiento que resta poder y control al violento y denuncia provocativamente que se trata de un comportamiento inhumano. Sorpresa y violencia son psicológicamente incompatibles […]”[4]

    “[…] El discípulo de Jesús asume el riesgo y el sufrimiento, porque aunque aparente un fracaso, habrá sacudido las entrañas del agresor. Solo hace falta más fe y creatividad para seguir inventando acciones nuevas, persistiendo hasta que su terca dignidad desarme este infierno.”[5]

    2. Segundo contraejemplo: un pleito por el vestido.

    “En el contexto de la realidad socioeconómica del siglo I en Palestina, muy probablemente Mt 5,40 debía de aludir a la situación de pequeños propietarios campesinos que, tras algunas deudas asfixiantes, no podían devolver los préstamos recibidos y, por lo tanto, eran llevados ante los tribunales de justicia para desposeerlos incluso de sus vestidos. No se trata, por lo tanto, de impagos debidos a la irresponsabilidad de los deudores, sino de verdaderos abusos económicos. El campesino no podía aspirar a verdadera justicia en tal condición de desigualdad ante el poderoso.”[6]

    “La propuesta de Jesús consiste, de nuevo, a llevar hasta el límite del ridículo esta manipulación de la Ley. El gesto de entregar el manto no se ha de entender como el acto de rabia que consistía a tirar el manto (por ejemplo en Hch 22,23) ya que el verbo traducido aquí como «dejar» equivale a depositar la vestimenta ante el malvado. ¿Qué pretende, pues, Jesús cuando propone entregar hasta la última pieza de ropa que es incluso la más cara? Naturalmente, ¡el deudor quedaría completamente desnudo ante el tribunal!”[7]

    “[…] en la cultura semítica, la aberración de quedarse sin ropa en público tenía además un matiz ulterior de escándalo, porque violaba el sistema de clasificación gracias al cual una persona podía ser socialmente reconocida a través de la indumentaria. La extirpación de cualquier tipo de rango social resultaba intolerable y al mismo tiempo era un reclamo de humanidad.”[8]

    En conclusión, el contraejemplo de Jesús muestra provocativamente, por un lado, cómo la tergiversación de la Ley consigue dejar al pobre más desnudo, impotente y fuera de la sociedad, y por otro lado, la desnudez misma pretendía avergonzar al acreedor que la contemplaba. Pero además, el hecho de que fuera precisamente el oprimido quien tomara la iniciativa de entregar voluntariamente, incluso, la pieza más cara para quedar desnudo del todo era una acción tan desconcertante que significaba una acusación directa al sistema establecido, inhumano: constituía un grito a favor del oprimido como sujeto libre –con capacidad de escoger– un grito que denunciaba al acreedor, al juez y a todo el sistema sobre tales prácticas vergonzosas, sin perder nunca la dignidad […]”[9]

    3. Tercer contraejemplo: recorrer otra milla.

    “El tercer contraejemplo ofrecido por Jesús es el de Mt 5,41: «y a cualquiera que te obligue a llevar una carga durante una milla, ve con él dos». De hecho, el original griego no dice literalmente «te obligue a llevar una carga», sino que utiliza un solo verbo, angaréuo, que significa «hacer angaria». ¿Qué es la angaria?

    Antiguamente, el origen de esta práctica parece que provenía de un sistema de comunicación persa y helenista: a la hora de transportar mercancías o enviar mensajes era muy lento viajar de un lugar a otro con caballos, ya que los animales se cansaban, por la noche había que perder muchas preciadas horas para que durmieran… Por esto, la angaria consistía en distribuir un conjunto de caballos a una cierta distancia a lo largo de distintas etapas de una ruta real, con la finalidad de que el transporte no quedara nunca interrumpido, de día y noche sin parar. Este método, presente también en Israel, fue finalmente adoptado por los romanos, pero posteriormente fue transformado. De hecho, en el imperio Romano, la ley en concreto permitía que oficiales romanos, militares o no, se apropiaran temporalmente de animales de carga ajenos –que casi nunca devolvían–, o bien exigieran a hombres que pasaban por la calle que hicieran una prestación forzada para el transporte personal de material –sus pertenencias u otros objetos pesados–. Parece que podía existir el límite de una milla (1,61 km) en esta práctica, pero en realidad no se ha encontrado ninguna ley romana que lo demuestre. También Mt 27,32 atestigua otro uso de angaria con Simón de Cirene, cargando la cruz en un trayecto hasta el Gólgota que fue aproximadamente de una milla.

    La respuesta de Jesús a este abuso, por su parte, parece atrevida: nuevamente quiere llevar esta ley depravada hasta el extremo del ridículo. Cuando, tras una milla, la víctima toma la iniciativa de continuar una milla más, el oficial pierde el control sobre su carga, además del vínculo legal que mantenía sumiso el «insensato» personaje. Esta inseguridad desconcertante resta poder al explotador, que en otra ocasión se lo pensará dos veces antes de someter a alguien a la angaria […]”[10]

    Conclusión

    El Papa León XIV, desde el primero día de su pontificado, ha insistido en que que Jesús es portador de una paz desarmada y desarmante, idea que ha reiterado en discursos, documentos e intervenciones que tocan el tema de la violencia, la paz y la dignidad de la persona. En este sentido, Joan Morera concluye:

    “Los tres contraejemplos tienen un carácter inspirador, no normativo: arraigados en la fe y la creatividad, el noviolento encontrará nuevos gestos provocativos, válidos para expresar el mismo mensaje de dignidad. Con estos tres puntos en el «espacio» (los contraejemplos de Mt 5,39c-41), Jesús marca las coordenadas para trazar un plano infinito de acciones noviolentas que corten cualquier conflicto, que desarmen cualquier infierno: no «venciendo» al opresor, sino, a imitación del Padre, «recuperándolo».”[11]

    Mario A. Hernández Durán, Teólogo.


    [1] Morera Perich, J. SJ (2018). Desarmar los infiernos. La noviolencia de Jesús hoy. Cuadernos CJ 207. Cristianisme i Justicia. Barcelona. En: https://www.cristianismeijusticia.net/es/desarmar-los-infiernos-practicar-la-noviolencia-de-jesus-hoy

    [2] Id. p. 19.

    [3] Id. p. 21.

    [4] Id. pp.21-22.

    [5] Id. p. 22.

    [6] Id. p. 22.

    [7] Id. p. 23.

    [8] Id. p. 23.

    [9] Id. p. 23.

    [10] Id. p. 24.

    [11] Id. p. 26.

    Deja un comentario