JUEVES 8

Pero también es cierto que los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños (v. 28)

Del santo Evangelio según san Marcos (7, 24-30)

En aquel tiempo, Jesús salió de Genesaret y se fue a la región donde se encuentra Tiro. Entró en una casa, pues no quería que nadie se enterara de que estaba ahí, pero no pudo pasar inadvertido. Una mujer, que tenía una niña poseída por un espíritu impuro, se enteró enseguida, fue a buscarlo y se postró a sus pies.

Cuando aquella mujer, una siria de Fenicia y pagana, le rogaba a Jesús que le sacara el demonio a su hija, él le respondió: «Deja que coman primero los hijos. No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos». La mujer le replicó: «Sí, Señor; pero también es cierto que los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».

Entonces Jesús le contestó: «Anda, vete; por eso que has dicho, el demonio ha salido ya de tu hija». Al llegar a su casa, la mujer encontró a su hija recostada en la cama, y ya el demonio había salido de ella.

Palabra del Señor.

En la mujer sirofenicia y en su hija se refleja la situación de aquellos grupos humanos que, por razones políticas, sociales y religiosas, han quedado fuera de toda posibilidad de reconocimiento, de ayuda humanitaria y de acogida en territorios a los que no pertenecen. Su presencia inadvertida nos interpela y nos reta a tomar postura.

En Jesús se refleja el cambio de quien, siendo cuestionado, reconoce con humildad que la palabra de los otros tiene valor y debe ser reconocida, aceptar su realidad, abrir el corazón a ellos y devolverles la esperanza de que su vida, junto a nosotros, será distinta, prometedora y libre de toda atadura.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.