
Lectura de la profecía de Nahum
Nah 2, 1. 3; 3, 1-3. 6-7
Ya viene por el monte
el mensajero de buenas noticias,
que anuncia la paz.
Celebra tus fiestas, Judá, y cumple tus promesas,
porque el malvado no te volverá a invadir,
pues ha sido aniquilado.
El Señor restaurará la viña de Jacob,
que es el orgullo de Israel.
Los invasores la habían devastado,
habían destruido sus sarmientos.
En cambio, ¡ay de ti, Nínive, ciudad sanguinaria,
toda llena de mentiras y despojos,
que no has cesado de robar!
Escucha el chasquido de los látigos
y el estrépito de las ruedas,
los caballos que galopan,
los carros que saltan
y la caballería que avanza.
Mira el llamear de las espadas
y el centellear de las lanzas.
Contempla la multitud de heridos
y los montones de muertos,
la interminable cantidad de cadáveres
con los que uno se tropieza.
Arrojaré inmundicias sobre ti,
te deshonraré y te expondré a la vergüenza pública.
Y todo el que te vea huirá de ti y dirá:
“Nínive está destruida”.
¿Quién tendrá compasión de ti?
¿Dónde podré encontrar alguien que te consuele?
Palabra de Dios.
Tú también eres mensajero de buenas noticias y de paz.
El terror ante la violencia nos ha obligado a bajar la mirada y a desentendernos de la paz. Pero todo puede cambiar si tú decides alzar la mirada y emprender un camino distinto:
¡Mira y escucha!: Ya viene por el monte el mensajero de buenas noticias, que anuncia la paz (v. 1)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
