VIERNES 15

ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Puso sus ojos en la humildad de su esclava (v. 48).

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1, 39-56)

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Entonces dijo María:
“Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre
y su misericordia llega de generación en generación
a los que lo temen.

Ha hecho sentir el poder de su brazo:
dispersó a los de corazón altanero,
destronó a los potentados
y exaltó a los humildes.
A los hambrientos los colmó de bienes

y a los ricos los despidió sin nada.

Acordándose de su misericordia,
vino en ayuda de Israel, su siervo,

como lo había prometido a nuestros padres,
a Abraham y a su descendencia
para siempre’’.

María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa.

Palabra del Señor.

De la Asunción de María nada hay escrito en la Sagrada Escritura, ha sido la tradición popular la encargada de sostener, desde antiguo, ese privilegio otorgado sólo a ella; pero sería muy pobre verla privilegiada de esa manera si no la miramos desde el principio, como la mujer elegida para ser madre del Mesías.

En la elección comienza la asunción. El Padre ha visto en ella no sólo un corazón sencillo y humilde, capaz de acoger con generosidad su voluntad, sino que ha descubierto, además, una actitud valiente y determinada para decir sí a lo inesperado e inaudito.

Su voz silenciosa y silenciada por la tradición y las costumbres, rompe con un sí confiadoHágase en mí según tu palabra (Lc 1,38) – y profético, que prefigura la dinámica del evangelio encarnado en el Hijo que lleva en su seno:

Santo es su nombre y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen. Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero, destronó a los potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada (vv. 51-53).

María es acogida, asunta, en el proyecto del Reino porque ella misma asume en su vida el reto que, sin miedo, canta con gozo y convicción profunda:

Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de gozo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava (vv. 46-48).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.