VIERNES 15

Me conocen a mí y saben de dónde vengo… (v. 28).

Lectura del santo evangelio según san Juan (7, 1-2. 10. 25-30)

En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos.

Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también él, pero sin que la gente se diera cuenta, como de incógnito. Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: «¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene».

Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: «Conque me conocen a mí y saben de dónde vengo… Pues bien, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado». Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor.

La exclamación de Jesús resuena con fuerza en nuestros corazones: Conque me conocen a mí y saben de dónde vengo… (v. 28).

Nos interpela y nos obliga a plantearnos algunas preguntas que pondrán en claro nuestra actitud ante él y la firmeza de habernos convertido en seguidores suyos: ¿Lo conocemos realmente? ¿Identificamos sus palabras y su voz? ¿Escuchamos sus enseñanzas y las ponemos en práctica? ¿Lo reconocemos como el Mesías, enviado por el Padre a salvarnos? ¿Estamos dispuestos a ir donde él nos envíe y donde él vaya?

Si la respuesta a cada pregunta es afirmativa, querrá decir entonces que hemos experimentado una transformación profunda en la propia vida. De lo contrario habremos sido indiferentes a su palabra y, poco a poco, sacándolo de nosotros, también lo condenamos a la muerte (cf. v. 1).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.