VIERNES 12

Amen como yo los he amado (v. 12)

Lectura del santo evangelio según san Juan (15, 12-17)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros».

Palabra del Señor.

Un mandamiento nuevo

La insistencia de Jesús de permanecer y amar, es llevada a una experiencia culmen que reconfigura no sólo la vida de quienes deciden seguirlo, sino el modo de relacionarse con los demás y con Dios.

El amor, que nos es ajeno a nadie, porque es una cualidad humana, se convierte en ley de vida. Esto quiere decir que los límites morales de leyes y mandatos establecidos por las tradiciones, son superados por una realidad que es factible en toda persona: ¡amar!

Además, rompe con las diferencias jerárquicas y con las desigualdades sociales, dando un orden distinto a las relaciones: Ya no los llamo siervos…, a ustedes los llamo amigos(v. 15).

La propuesta de Jesús se sustenta en él mismo, en su vida y en su modo de proceder con los hombres: Amen como yo los he amado (v. 12), y aspiren al amor más grande: dar la vida por los amigos, por los hermanos e, incluso, por los enemigos (cf. v. 13).

Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros (v. 17).

No seremos juzgados y recompensados por una ley que cuantifique un cúmulo de mandamientos cumplidos, sino por una mirada misericordiosa que sondeará nuestro corazón y, como dice S. Juan de la Cruz, al atardecer -al finalizar la jornada, al concluir un proyecto, o en el ocaso de la vida- seremos examinados en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado… (D. 59).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.