VIERNES 10

Una vez que ha dado a luz, ya no se acuerda de su angustia, por la alegría de haber traído un hombre al mundo (v. 21)

Lectura del santo evangelio según san Juan (16,20-23)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría.

Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero una vez que ha dado a luz, ya no se acuerda de su angustia, por la alegría de haber traído un hombre al mundo. Así también ahora ustedes están tristes, pero yo los volveré a ver, se alegrará su corazón y nadie podrá quitarles su alegría. Aquel día no me preguntarán nada».

Palabra del Señor.

Cuántas alegrías, pasadas y presentes, por haber traído al mundo tantos hombres (cf. v. 21). En cada parto pasamos de la angustia a la alegría sin fin; toda tristeza se supera en él y la esperanza se renueva en el primer llanto que irrumpe al contacto con el mundo, en la ternura de unos ojos que se abren y miran sin recelo, en el sueño confiado del niño que se abandona en brazos de su madre.

La resurrección es un parto del que se nace para siempre y del que aflora en el corazón una alegría que nadie podrá quitarnos (cf. v. 22).

Ha llegado la hora (v. 21) de olvidar las angustias y dejar que, como en un parto, nuestra tristeza se transforme en alegría (cf. v. 20).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.