VIERNES 10

¿Qué voy a hacer ahora…? (v. 3)

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (16, 1-8)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: ‘¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’. Entonces el administrador se puso a pensar: ‘¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: ‘¿Cuánto le debes a mi amo?’ El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’. Luego preguntó al siguiente: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’ Este respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’.

El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz».

Palabra del Señor.

Vivimos en medio de sociedades donde convergen, inevitablemente, lo religioso y lo social. Como mujeres y hombres de fe integramos, en lo cotidiano, nuestra relación con Dios en sintonía con nuestras relaciones familiares, sociales, laborales…

No podemos ser ingenuos creyendo que la fe lo resuelve todo y desentendernos de las obligaciones inherentes a nuestros compromisos (maritales, profesionales, laborales, cívicos). Somos responsables de nuestro porvenir en el Reino a la par de nuestro porvenir en el mundo y del sustento que nos garantice un bienestar promisorio.

La propuesta de Jesús -dice Schöckel- es que debemos poner en juego nuestra creatividad, ser astutos para prever el rumbo que la dinámica del reino debe tomar en medio de la sociedad; si bien el reino es de los humildes y sencillos, ello no quiere decir que se puede construir con ingenuidad (Comentario a Lc 16,1-8, La Biblia de nuestro pueblo).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.