
DE ADVIENTO A NAVIDAD
El Adviento, como sabemos, ha sido un tiempo que nos preparó, día a día, para celebrar y recordar el nacimiento del Jesús.
Los evangelios, paso a paso, nos adentraron en el misterio de la Encarnación: Jesús nace y participa de nuestra historia gracias a la apertura y disponibilidad de María y José, a pesar de las adversidades que eso representó para ellos.
El sí de José y María es la puerta de acceso a una experiencia, novedosa y radical, donde la humanidad, por medio de la encarnación del Hijo, recupera plenamente su dignidad.
¿QUÉ CELEBRAMOS? ¿LA NATIVIDAD DEL SEÑOR, O LAS “NAVIDADES” DEL MUNDO?
El tiempo de navidad se ha convertido, cada vez más, en una época comercial, menos religiosa y espiritual. Un fenómeno social que se verifica en todo el mundo, o al menos en las naciones donde el cristianismo es el parámetro que rige el calendario civil, incluidas fiestas y celebraciones. En el fondo, se delinea un desface que nos lleva al desafío entre la cordura y la incoherencia…
Aunque la navidad, estrictamente hablando, sea un tiempo animado por el acontecimiento de la natividad del Señor, ahora surge la necesidad de separar y distinguir un acontecimiento de otro. Es decir, mientras la Iglesia universal celebra los misterios de la Natividad del Señor, el mundo, por el contrario, se enfoca en las fiestas del tiempo navideño…
La Natividad es fundamento de nuestra fe, por medio de ella profesamos y creemos que el Verbo se hizo hombre y habita entre nosotros (Jn 1,14); estamos convencido que en el síde María la historia de la humanidad toma un rumbo distinto, puesto que en la encarnación del Hijo de Dios se rescata la dignidad creatural del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26-27).
En el tiempo Navidad celebramos la Natividad del Señor; pero no habría tiempo de Navidad sin Natividad. ¿Qué celebramos: el nacimiento del Mesías, o, simple y llanamente, las fiestas navideñas?
UN MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO
¿Y qué nos dice este Niño, que nos ha nacido de la Virgen María? ¿Cuál es el mensaje universal de la Navidad? Nos dice que Dios es Padre bueno y nosotros somos todos hermanos.
Esta verdad está en la base de la visión cristiana de la humanidad. Sin la fraternidad que Jesucristo nos ha dado, nuestros esfuerzos por un mundo más justo no llegarían muy lejos, e incluso los mejores proyectos corren el riesgo de convertirse en estructuras sin espíritu.
Por eso, mi deseo de feliz Navidad es un deseo de fraternidad.
- Fraternidad entre personas de toda nación y cultura.
- Fraternidad entre personas con ideas diferentes, pero capaces de respetarse y de escuchar al otro.
- Fraternidad entre personas de diversas religiones. Jesús ha venido a revelar el rostro de Dios a todos aquellos que lo buscan.
Y el rostro de Dios se ha manifestado en un rostro humano concreto. No apareció como un ángel, sino como un hombre, nacido en un tiempo y un lugar. Así, con su encarnación, el Hijo de Dios nos indica que la salvación pasa a través del amor, la acogida y el respeto de nuestra pobre humanidad, que todos compartimos en una gran variedad de etnias, de lenguas, de culturas…, pero todos hermanos en humanidad (Mensaje Urbi et Orbi, 25 de diciembre de 2018).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
