¿QUÉ ES ADVIENTO?
Es un tiempo de preparación para celebrar la Navidad, dividido en cuatro domingos de reflexión, interiorización y revisión de la vida. Es un tiempo de llamadas y alertas: llamados a la conversión y estar atentos (alertas) a lo que está por venir.
El símbolo representativo es la Corona de Adviento, su forma circular nos habla de un camino que se abre y se recorre a lo largo de cuatro semanas, al llegar al final, (4º domingo), se abre ante nosotros un nuevo camino: La Navidad.
Con el Adviento comienza el nuevo Año litúrgico (2025) y el calendario se regirá por el Ciclo C, animado, cada domingo, por los textos del evangelio de Lucas.
¿QUÉ NOS DICE EL ADVIENTO EN CADA DOMINGO?
El mensaje del Adviento se plasma en los cuatro textos de Lucas asignados para cada domingo:
- Domingo primero, diciembre 1: ¡Está cerca nuestra liberación! (Lc 21,25-28.34-36).
- Domingo segundo, diciembre 8: ¡Preparen el camino del Señor! (Lc 3,1-6).
- Domingo tercero, diciembre 15: Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego (Lc 3,10-18).
- Domingo cuarto, diciembre 22: Que se haga en mí tu palabra (Lc 1,39-45).
EL ADVIENTO HOY
La mercadotecnia, en su intención de estar siempre a la vanguardia, nos adelantan tiempos y acontecimientos, de tal manera que, antes de que inicie el adviento, podemos adquirir toda clase de regalos y objetos navideños. De ese modo, nos vamos preparando para celebrar una gran fiesta, aunque no tal vez el gran acontecimiento.
De hecho, en la vida de mucha gente el tiempo de adviento pasa desapercibido y, por tanto, a la Navidad se llega sin la mínima preparación.
¿A qué estamos invitados hoy? A ir más allá de lo convencional y descubrir que a diario algo nuevo sucede, o está por llegar. Para ello, es necesario estar preparados, atentos y dispuestos a lo que venga.
El mundo se desmorona ante nosotros, el tejido social se deshila y todo pierde sentido; la violencia nos sobrepasa y nos somete; nos llena de angustia la corrupción, la pobreza, el hambre, el desempleo, las injusticias…
¿Hay algo que debamos hacer?
¡Por supuestos!: cambiar nuestros modelos de vida y de consumo; refrescar nuestras relaciones y hacerlas más dignas. Reparar los caminos de la justicia, la felicidad, la libertad y el respeto, para que se pueda transitar por ellos con seguridad y confianza. Reconocer al Señor en el rostro del hermano y acogerlo con el mismo gusto que María, José y los pastores recibieron a Jesús niño, descubriendo en él latía la promesa de una vida nueva de parte de Dios.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

