SÁBADO 8

EL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas (v. 51)

La liturgia propone esta memoria al día siguiente de la gran fiesta del Corazón de Jesús. Así, tras la solemnidad en que se celebra el corazón abierto del Salvador, hacemos un recuerdo más discreto del corazón de la madre, la toda-santa, la obra primorosa del Espíritu.

El corazón de María nos evoca el mundo de sentimientos de la Madre del Señor. María es asimismo la creyente que guarda y medita en su corazón los momentos de la manifestación de Jesús; el corazón de María aparece entonces como la cuna de toda la meditación cristiana sobre los misterios de Cristo.[1]

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (2, 41-51)

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia”. Él les respondió: “¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?” Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.

Palabra del Señor.

Conservar en el corazón todas las cosas (cf. v. 51), como María, significa acoger la realidad tal como es, con sus dificultades y adversidades, pero también con sus momentos maravillosos y esperanzadores; significa acoger cada palabra y cada gesto que el otro nos regala, sus silencios, sus negaciones y su buena voluntad.

Un corazón inmaculado, como el de María, no juzga ni condena; no olvida ni es indiferente. Antes bien, se conmueve, comprende el dolor de los demás, recuerda con alegría, busca, no se detiene y alimenta la palabra y la mirada de misericordia.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.


[1] Tomado de: https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/8-6-2024/inmaculado-corazon-de-maria/