SÁBADO 7

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

Alégrense de que sus nombres están escritos en el cielo (v. 20)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,17-24)

En aquel tiempo, los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».

Él les contestó: «Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les sometan. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo».

En aquella misma hora Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó: «¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien! Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».

Palabra del Señor. 

En la medida que seamos capaces de erradicar el mal en el mundo, de curar las enfermedades de la humanidad y vencer todo aquello que atenta contra la dignidad del hombre, como los setenta y dos, siempre regresaremos llenos de alegría (v. 17), sabiendo que nuestros nombres están escritos en el cielo (v. 20).

Hacerlo, no es cosa de poseer grandes dotes o privilegios, sino de un llamado y una elección que rompe todo paradigma humano:

¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! (v. 21)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.