SÁBADO 6

Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos (v. 7)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9, 35–10, 1. 6-8)

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos».

Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Les dijo: «Vayan en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente».

Palabra del Señor.

El panorama que presenta Mateo es similar, en mucho, a las realidades humanas, adversas y complejas, de las que somos testigos, o de las que formamos parte.

Pero, más allá de esas realidades que nos afectan e interpelan, también hay otra realidad que nos involucra: somos, de un modo u otro, enviados; los trabajadores que el Padre envía a sus campos (cf. v. 38).

El tiempo de Adviento nos recuerda que nos toca proclamar, donde quiera que nos encontremos, la cercanía el Reino de los cielos (cf. v. 7) y que, además, sin distingos ni prejuicios, nuestra misión incluye ir a buscar las ovejas perdidas (v. 6).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.