
SANTOS INOCENTES, MÁRTIRES
Por lo menos desde el siglo VI la Iglesia venera en los días de Navidad a los santos Inocentes. Constituye las primicias de los que mueren por Cristo. Su muerte violenta por el Señor ha plantado la cruz junto al pesebre (Fuente: Misal diciembre 2024, Buena Prensa).
Lectura del santo evangelio según san Mateo (2, 13-18)
Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».
José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
Cuando Herodes se dio cuenta de que los magos lo habían engañado, se puso furioso y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, conforme a la fecha que los magos le habían indicado.
Así se cumplieron las palabras del profeta Jeremías: En Ramá se ha escuchado un grito, se oyen llantos y lamentos: es Raquel que llora por sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya están muertos.
Palabra del Señor.
¡Llantos y lamentos!, niños que han muerto y ya no existen (cf. v. 18). No podemos huir siempre ni dejar de mirar la realidad, donde la inocencia fenece y la sonrisa es silenciada.
También nosotros, como José, estamos llamados a levantarnos, tomar a los niños y a sus madres (cf. v. 13), para ponerlos a salvo de todos “los herodes” que los matan sin escrúpulos ni miramientos, con una imperdonable frialdad e indiferencia.
Niños inocentes que mueren en las guerras, en medio de la hambruna y la pobreza; en las aldeas bombardeadas, en los hospitales destruidos, en los barrios saqueados, en las periferias olvidadas, entre los desplazados y en el camino de los migrantes.
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
