SÁBADO 28

El Señor está presente y con él, los vientos cesan y sobreviene una gran calma
(v. 39).

Lectura del santo evangelio según san Marcos

Mc 4, 35-41

Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla del lago». Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.

De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: «¡Cállate, enmudece!» Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: «¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?» Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?»

Palabra del Señor.

Vamos a la otra orilla… (v. 35)

Siempre buscamos llegar a la otra orilla, a los horizontes que nos hemos propuesto alcanzar y que, en ocasiones, por la razón que sea, parecen inalcanzables.

La travesía, no siempre es fácil y, más allá de tener días de solaz y calma, nos sorprenden tormentas y borrascas que amenazan con hundirnos sin remedio (cf. v. 37).

Pero, ¿por qué tenemos tanto miedo? ¿Por qué vacila nuestra fe? (v. 40). El Señor está presente y con él, los vientos cesan y sobreviene una gran calma (v. 39).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.