
(v. 24).
Lectura del santo evangelio según san Juan (16,23-28)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.
Les he dicho estas cosas en parábolas; pero se acerca la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré del Padre abiertamente. En aquel día pedirán en mi nombre, y no les digo que rogaré por ustedes al Padre, pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que salí del Padre. Yo salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre’’.
Palabra del Señor.
¿Qué pedimos en nombre del Señor?
Nuestra piedad religiosa, a veces ingenua, y una “confianza mágica en Dios”, siempre han sido motivos suficientes para pedir cualquier cosa; una y otra vez elevamos súplicas pidiendo favores especiales, la solución de un problema, o una gracia en particular… Y casi todo a título personal.
Ciertamente, Jesús nos asegura que lo que pidamos al Padre, nos lo concederá. Pero hay un detalle fundamental: nos dice que lo pidamos en su nombre (v. 23). Y tiene tan clara nuestra inconsistencia, que nos lo hace ver: Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre (v. 24).
¿Qué podemos pedir en su nombre? Todo aquello que está en sintonía con el Reino y que aflora gracias a la inspiración del Espíritu Santo, tal como lo plasma Lucas: que los pobres reciban buenas noticias, que los cautivos sean liberados, que los ciegos vean y se haga justicia a los oprimidos (cf. Lc 4,18); que escuchemos y comprendamos sus palabras para ponerlas en práctica (cf. Lc 8,21) y que seamos capaces de discernir entre el Reino de Dios y las añadiduras (Lc 6,33).
Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa (v. 24)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
