SÁBADO 10

S. LORENZO, DIÁCONO Y MÁRTIR

Si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo (v. 24)

Lectura del santo evangelio según san Juan (12,24-26)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.

El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre’’.

Palabra del Señor.

Las palabras de Jesús nos invitan a mirarnos y preguntarnos cómo hemos gestionado nuestra vida, cómo la vivimos y, sobre todo, cómo la proyectamos.

Seguramente, al pasar de los años, hemos tenido muchas oportunidades para crecer y madurar; la posibilidad de potenciar nuestras capacidades y ponerlas en práctica; de adquirir conocimientos y profundizar lo que somos, lo que pensamos y lo que decidimos a través de las muchas experiencias que nos confrontan y nos enriquecen.

Pero ¿cuántas veces habremos sido indiferentes, incrédulos u omisos? ¿Cuántas veces, llevados por el amor propio, habremos caído en la mediocridad, la simplicidad o la superficialidad? ¿Cuántas veces nos habremos resistido a cambiar, o a desprendernos de lo inútil, o a romper con el infecundo egoísmo para abrirnos, como la semilla, echar raíces en la tierra del Reino y producir muchos frutos?

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.