MIÉRCOLES 8

¡Ánimo, soy yo; no teman! (v. 50)

Lectura del santo evangelio según san Marcos (6, 45-52)

En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús premió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirlos, se retiró al monte a orar.

Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra. Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes del amanecer, y parecía que iba a pasar de largo.

Al verlo andar sobre el agua, ellos creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero él les habló enseguida y les dijo: “¡Ánimo! Soy yo; no teman”. Subió a la barca con ellos y se calmó el viento. Todos estaban llenos de espanto y es que no habían entendido el episodio de los panes, pues tenían la mente embotada.

Palabra del Señor.

¡Calma! (v. 50)

En ocasiones es necesario despedirse de ciertas cosas, de algunas relaciones y de costumbres que nos atan, para retirarnos libremente, como Jesús, al monte a orar (v. 46).

Luego, regresar llenos de Dios y de su fuerza para reencontrarnos con todo lo que hemos dejado, enfrentar las adversidades y calmar los vientos que se nos vienen en contra (cf. v. 48).

Así, en medio de las tempestades y el sufrimiento; de la duda y la oscuridad; del desánimo y la desesperanza, poder decir a los demás, también nosotros:

¡Ánimo, soy yo; no teman! (v. 50).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.