MIÉRCOLES 5
- Jn 15,1-8

La vid y el viñador
¿A cuántas cosas nos apegamos, convencidos que serán, realmente, el fundamento de nuestra vida? Sin duda alguna, a muchas.
Los apegos, las dependencias, la necesidad de pertenencia, son realidades propias de la condición humana; por medio de ellas, y de algún modo, damos forma a nuestra personalidad y definimos lo que somos y lo que buscamos.
No obstante, la fe fluye de modo distinto: Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. (v. 4)
En el corazón de todo creyente palpita una certeza, que da sentido y proyección a su vida: Yo soy la vid verdadera y mi Padre el viñador (v. 1).
Porque sin mí nada pueden hacer (v. 5)
Mario A. Hernández Durán, Teólogo
