Lectura del santo evangelio según san Lucas (21, 12-19)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Los perseguirán y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía. Con esto ustedes darán testimonio de mí.
Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.
Los traicionarán hasta sus padres y hermanos, sus parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida’’.
Palabra del Señor.
Vivimos en una sociedad que pone retos a nuestra fe, sobre todo cuando ridiculiza, banaliza o desestima la entrega incondicional como gesto de apertura, el compromiso radical con los pobres y desposeídos, el silencio orante como complemento indispensable para la vida, la predicación franca que interpela y desinstala…
Los verdaderos discípulos no se acobardan, ni se detienen ante la adversidad, se enfrentan a ella con la fuerza y la sabiduría que brotan de las palabras que el Señor les ha confiado y compartido; su vida es testimonio de fe en el Señor a sabiendas que, por su causa, serán odiados, incluso por los más cercanos (cf. vv. 16-17).
¿Qué tan firmes son nuestra voluntad y nuestras convicciones; nuestra fe y nuestras decisiones?
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

