MIÉRCOLES 23

Los granos cayeron en tierra buena y dieron fruto… (v. 9)

Evangelio según Mateo 13, 1-9

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo: 

“Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga”. 

Palabra del Señor.

La parábola del sembrador es la parábola que describe el perfil de nuestros comportamientos y actitudes, no sólo ante el Señor y el Reino, sino ante la vida, de la que recibimos tantas cosas, ante la realidad y, también, ante la relación con los demás.

De todo queremos obtener ganancias, pero qué tanto dejamos que cada experiencia que nos interpela penetre los más hondo de nuestros corazones y tengamos la osadía de nutrirlas con alegría, amor, paciencia, compasión y misericordia.

La tasa de nuestros frutos se mide con el amor.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.