MIÉRCOLES 18

Ni bailamos ni lloramos…

Lectura del santo evangelio según san Lucas (7, 31-35)

En aquel tiempo, Jesús dijo: «¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos niños que se sientan a jugar en la plaza y se gritan los unos a los otros:

‘Tocamos la flauta y no han bailado, cantamos canciones tristes y no han llorado’.

Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y ustedes dijeron: ‘Ese está endemoniado’. Y viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Este hombre es un glotón y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores’. Pero sólo aquellos que tienen la sabiduría de Dios, son quienes lo reconocen».

Palabra del Señor.

El evangelio nos habla de la indecisión humana, que involucra afectos y voluntad, cuando no somos capaces de discernir, ni ver sin prejuicios el Reino que se manifiesta ante nosotros de modos distintos y que, aunque parezca contradictorio, nos pide tomar postura, prescindiendo de las propias expectativas y los intereses personales.

No distinguimos los tiempos de gozo, o de tristeza, a los que estamos invitados y que nos permitirían madurar la fe y las opciones de vida, prefiriendo permanecer en la indiferencia, o descalificando a los demás para desentendernos de la realidad.

La confusión viene porque nos distraemos con lo accidental, viendo endemoniados o borrachos donde no los hay, pasando por alto las advertencias de Juan a la conversión y las enseñanzas del Señor a amar y ser misericordiosos.

Pidamos a Dios su sabiduría para reconocer su voluntad y hacerla nuestra.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.