
Lectura del santo evangelio según san Marcos
Mc 6, 1-6
En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: “¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?” Y estaban desconcertados.
Pero Jesús les dijo: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.
Palabra del Señor.
Un profeta en nuestra tierra
En sentido metafórico, podemos afirmar que también nosotros somos la tierra de Jesús (cf. v. 1); esta realidad humana donde él ha puesto su morada, para habitar entre nosotros (cf. Jn 1,14).
El Señor es un profeta en nuestra tierra, en nuestra vida y en nuestra historia: ¿Lo reconocemos como tal?, ¿permitimos que actúe en nosotros y nos transforme?, o, ¿dejamos que se vaya a causa de nuestra incredulidad?
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
