MARTES 7

María escogió la mejor parte y nadie se la quitará (v. 42)

Ntra. Señor del Rosario

El 7 de octubre de 1571, el Occidente fue salvado de la amenaza turca, mediante la victoria de los cristianos en la batalla de Lepanto. Ducha victoria se atribuyó al rezo del rosario. Este hecho histórico se nos ha convertido ya en algo remoto. La Iglesia nos invita a descubrir en el rosario el sitio que ocupa la santísima Virgen en el misterio de la salvación y a saludar a la Madre de Dios con el saludo del ángel, “alégrate María”. (tomado del Misal de octubre 2025, Buena Prensa).

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 38-42)

En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: «Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude».

El Señor le respondió: «Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará».

Palabra del Señor.

¿Qué nos preocupa y nos inquieta?

La vida de cada uno, en lo cotidiano, es el camino por donde transita el Señor y somos, además, un lugar privilegiado donde desea llegar y ser recibido (cf. v. 38)

Pero el corazón humano, ese infinito interior, a veces abatido por tantas preocupaciones, inquietudes y desasosiegos (cf. v. 41), confunde su presencia con otras presencias, y no somos capaces de distinguir y escoger la mejor parte (v. 42), hasta que nos detengamos, nos sentemos a sus pies y escuchemos su palabra (cf. v. 38).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.