
Lectura del santo evangelio según san Lucas (14, 15-24)
En aquel tiempo, uno de los que estaban sentados a la mesa con Jesús le dijo: «Dichoso aquel que participe en el banquete del Reino de Dios».
Entonces Jesús le dijo: «Un hombre preparó un gran banquete y convidó a muchas personas. Cuando llegó la hora del banquete, mandó un criado suyo a avisarles a los invitados que vinieran, porque ya todo estaba listo. Pero todos, sin excepción, comenzaron a disculparse. Uno le dijo: ‘Compré un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes’. Otro le dijo: ‘Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes’. Y otro más le dijo: ‘Acabo de casarme y por eso no puedo ir’.
Volvió el criado y le contó todo al amo. Entonces el señor se enojó y le dijo al criado: ‘Sal corriendo a las plazas y a las calles de la ciudad y trae a mi casa a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos’.
Cuando regresó el criado, le dijo: ‘Señor, hice lo que me ordenaste, y todavía hay lugar’. Entonces el amo respondió: ‘Sal a los caminos y a las veredas; insísteles a todos para que vengan y se llene mi casa. Yo les aseguro que ninguno de los primeros invitados participará de mi banquete’ «.
Palabra del Señor.
Señor, todavía hay lugar… (v. 22)
En el Reino, como en el mundo, siempre hay lugar para todos.
Para los católicos la comunión con Dios es inseparable de la comunión con las demás personas. Y nuestra comunión con los otros no está limitada a otros católicos, únicamente. Como creemos que todos los seres humanos están hechos a imagen y semejanza de Dios, estamos llamados a estar en comunión (en una relación) con todas las personas. La Iglesia católica es una muestra de la comunión a la que toda la humanidad está llamada. Esto significa que la Iglesia existe, no como un club exclusivo, sino como vehículo para llevar a todas las personas a estar en comunión con Dios y con los demás (J. Paprocki).
En el Reino, todos significa TODOS…
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
