MARTES 30

En aquel tiempo, había una profetisa (v. 36)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. (Cuando José y María entraban en el templo para la presentación del niño,) se acercó Ana, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.

Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.

La voz, la mirada y la fuerza del profetísmo femenino tienen cabida en la narración del evangelio y poseen el mismo valor que la de cualquier profeta. En la dinámica de la Buena Nueva la condición de la persona no es condicionante de nada, lo central y determinante es el Mesías y el anuncio del Reino de Dios que llega con él.

La liberación que se aguarda es, también, liberación para Ana quien, a pesar de su condición, su edad y su marginación, puede hablar del niño y dar gracias a Dios por ello (cf. v. 38).  

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.