Lectura del santo evangelio según san Lucas (21, 5-11)
En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.
Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?”
Él les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.
Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles”.
Palabra del Señor.
¡El tiempo ha llegado! (v. 8)
Los acontecimientos en el mundo y la compleja realidad de la humanidad nos preocupan, nos confunden y nos aterran; pareciera que, inevitablemente, ¡todo será destruido! (v. 6). Surgirán falsos profetas que intenten engañarnos y, tal vez, perdamos la esperanza…
No obstante, debemos saber que se avecinan tiempos de cambio y no de destrucción. Por eso, el Señor nos advierte:
Que nadie los engañe, no les hagan caso (cf. v. 8). Que no los domine el pánico. Todo tiene que acontecer, pero todavía no es el fin (v. 9).
Que las palabras del salmista broten de nuestro corazón confiado:
Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones (Sal 95).
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

