
San. Rafael Guízar y Valencia, Obispo (México)
Nació en Cotija, Michoacán, el 26 de abril de 1878. Ordenado sacerdote a los 23 años de edad; fue consagrado obispo en 1919. No sólo fue un misionero infatigable, sino también un buen pastor, dispuesto siempre a dar la vida por sus ovejas, y un padre solícito y bienhechor de los pobres y desamparados. Murió el 6 de junio de 1938. Fue canonizado por el Papa Benedicto XVI el 15 de octubre de 2006. Es patrono del episcopado mexicano.
Lectura del santo Evangelio según san Juan (10, 11-16)
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.
Palabra del Señor.
Asumir la condición del buen pastor, para quienquiera que haya decidido seguir al Señor y servir a sus hermanos, implica una serie de exigencias: conocer a los suyos y darles confianza; mirar más allá y saber que hay otras ovejas que es necesario buscar y acoger; que su voz y sus palabras sean un signo de unidad: un solo rebaño y un solo pastor (cf. vv. 14-17)
Pero lo más radical es tener la capacidad, incondicional, de dar la vida por las ovejas (v. 11).
Si seguimos al Señor, ¿cómo servimos a nuestros hermanos?
Mario A. Hernández Durán, Teólogo.
